El colmado cerrado

(segunda parte de La casa roja)

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La casa roja

Con revólver en mano y determinación en ceso, Ricardo Estévez se dirigía a la Casa Roja. No le importaba quién lo viera ni quién intentara detenerlo. Solo tenía una cosa en mente. Andaba en la caza y no iba a parar hasta que la última bala abandonara su fusil. Sabía que, antes de que se acabara el día, mataría Alfredo Nuñez.